AutorKiko Méndez Monasterio

LA LEYENDA DEL SANTO BEBEDOR

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Joseph Roth quiso relatar La leyenda del santo bebedor, un clochard de París que habita bajo un puente, a la orilla del Sena, y que se pasa los días tratando inútilmente de devolver una deuda contraída con Santa Teresita. Al fin muere en la iglesia donde se venera a la santa, creyéndola reencarnada en una angelical joven.

La calle de la Luna

Procedente de una ciudad costera, Luis llega a Madrid a comienzos de los noventa para contar el universo que se abre ante él: de día, de noche, hacia fuera y hacia dentro. Todo ello envuelto en la banda sonora original de una generación que vislumbró las primeras verdades del mundo a través de la música, en una novela de aprendizaje que tiene estructura de canción pop.

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Lo nuestro y lo triste

Historias de familias y de bodas, romances infelizmente posibles, viejos que aún se sueñan marineros, intimidad y humor, utopía y épica: es en esta reunión de cuentos donde mejor se puede apreciar el virtuosismo de Méndez Monasterio para señalar los equilibrios imposibles de la vida y mezclar la amargura y el dulzor, el apunte trágico y el cómico, con una prosa tocada de ritmo y capacidad de sugerencia sentimental.

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Tadeo, aprendiz de pirata

Para realizar su mayor ilusión, ser pirata, Tadeo, en cuanto tuvo edad, se lanzó al mar en una antigua barquita de pesca, pertrechada ahora con dos cañones y rebautizada con el nombre de“La Espada del Mar”. Sabía Tadeo que lo primero que tenía que hacer era entrevistarse con el gobernador de la Isla del Sable, el famoso pirata Barbagrís, y presentarle sus respetos.

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Porcia Catonis, la última patricia de Roma

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En aquellas vísperas de los idus de marzo las estatuas de Julio César aparecían engalanadas con diademas de flores, simulando coronas. La República estaba desapareciendo. Para algunos romanos la palabra “rey” era sinónimo de tirano, traía el recuerdo ominoso de Tarquino, aquel que fuera derrocado por Lucio Junio Bruto, antepasado del Bruto más famoso. Pero César estaba inaugurando un tiempo...

Joseph Roth: el santo bebedor

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Afirmó a sus amigos que las mejores ideas literarias le asaltaban en los momentos de embriaguez, incluso pretendía ser capaz de demostrarlo: “si queréis os enseño todos los buenos pasajes de mis novelas y os digo a qué bebida debo cada uno de ellos”. Se había enamorado del alcohol tras la guerra del catorce, a la que acudió de voluntario para defender la única patria que sintió suya, la monarquía...

KIKO MÉNDEZ-MONASTERIO

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